Una misma experiencia, la experiencia del dolor, puede llevar al ateísmo de la protesta y a la nostalgia por el totalmente otro. El ateísmo no es ninguna solución al problema del dolor, pero el teísmo no puede tampoco desentenderse de esa terrible experiencia. Una solución satisfactoria no es posible, pero la fe cristiana tiene que replantearse su "teísmo" a partir de una auténtica teología de la cruz.
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