Consciente de lo parcial que puede ser nuestra perspectiva europea occidental, el Cardenal Hume, benedictino, propone las líneas por las que debe desarrollarse la iglesia local en el futuro. Ante la crisis de nuestro mundo y su repercusión entre los cristianos, la iglesia local (o la parroquia) deberá recuperar su función como comunidad de creyentes donde sea posible un tipo de relaciones auténticamente humanas. En ella es imprescindible devolver a los seglares el lugar que les corresponde, en la doble dimensión extra e intraeclesial.
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