Dar razones de la propia fe, contra la fe del carbonero, es una de las exigencias de la cultura ilustrada. La historia del cristianismo es la de la interacción y tensiones entre la razón y la fe, desde el presupuesto de que el creador es el salvador que confiesa la religión cristiana. De ahí, que la irracionalidad se oponga a la fe, aunque ésta no sea reducible a la razón. El autor analiza, a partir de aquí, los límites de la razón ante la creencia religiosa y lo que ésta aporta más allá de la crítica filosófica. Se trata de desarrollar la razonabilidad de la fe y mostrar sus funciones, sociales y antropológicas, así como de distinguirla de la fundamentación científica y de la misma justificación filosófica.
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