De la arruga es bella a los tejidos tecnológicos que no necestan plancha. Así se escribe el paréntesis más significativo de la moda española de las dos últimas décadas. El Primero lo puso el diseñador más internacional a finales de los 70 con un contundente y popular eslogan "La arruga es bella". El último grito es, casualmente, un canto a las bondades de los tejidos de "laboratorio", versátiles, flexibles, de tacto y aspecto agradable, que pemanecen impecables después de muchas horas de vuelo. Por caprichos de la moda este cambio de actitud y de apetencias ha coincidido con el retorno a la actualidad del hombre que supo conquistar con sus trajes de lino arrugado a los españoles de la transición.
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