La ocasión de tratar este tema nació de las preocupaciones de éxplicitar las razones lógicas de nuestros estados intenciona* les; a la caza, podíamos decir, de un imperativo lógico de nuestros juicios, en contraposición a un imperativo psicológico ciego, como tendría lugar esto último en las filosofías de Reid, Jacobi, Kant, Sabatier o Hessen.
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