En los anales de la historia eclesiástica argentina hemos tropezado mñas de una vez con Vicarios Capitulares elegidos por un timepo determinado y con sus facultades cercenadas. Este hecho nos sorprende un tanto a nosotros, que vivimos habituados a la disciplina eclesiástica moderna, conforme a la cual el capítulo debe transferir integramente su jurisdicción al Vicario y no puede ponerle término a su duración en el gobierno de la Diócesis. Su administración cesa con el advenimiento del nuevo Obispo.
Juzgadas las cosas a la luz de este criterio, fuerza nos sería tachar de nulas todas las elecciones hechas en Buenos Aires a partir de la muerte del Obispo Lúe (1812) hasta ek segundo Provisorato de Miguel García (1853).
El planteo de este problema nos indujo a estudiar prolijamente la sucesión de todos los Vicarios Capitulares comprendidos entre las fechas expresadas. Para ahondar los detalles de este proceso y abocarnos decididamente a la averiguación de las razones que asistían a los Canónigos apara atenerse a esta práctica, nos vimos precisados a recorrer paso a paso la serie de Provisores que gobernaros la Diócesis porteña en sus período de sede-vacancia y poner en su luz verdadera los fundamentos que respaldan la legitimidad de sus decisiones sobre este particular.
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