En un mundo con instituciones internacionales con poder vinculante real y legitimadas por el principio democrático, en unos Estados donde todos sus ciudadanos disfruten de sus derechos en plenitud por el mero hecho de la pertenencia real a la comunidad y de su cultura a través de la nacionalidad, existirán las condiciones para la deseada ciudadanía inclusiva. Quizás esa sería la hora de plantear la posible superación del Estado-nación.
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