Al adquirir conciencia de la muerte, el hombre experimenta la angustia y el absurdo, pero no puede ni debe eludir la finitud ; es necesario rebelarse ante los absolutos metafísicos. Esa rebeldía no ha de confundirse con la revolución socio-política. Es la rebeldía que nos enseñan los mitos - antiguos y nuevos- por la aceptación de los límites y la unidad con la naturaleza: el principio para formular una ética basada en la simpatía y la justicia
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