La evolución en el largo plazo de unas entidades, que en 2000 detentaban en la Comunidad autónoma el 59,7 por 100 de los depósitos y el 46,9 por 100 de los créditos de cajas y bancos, no es una cuestión marginal. Durante el siglo XIX, como instituciones de beneficencia, estuvieron muy vinculadas a iniciativas del sector más progresista del empresariado balear. Facilitaron el proceso de cambio económico y amortiguaron los costes sociales que tuvo que asumir el nuevo proletariado rural y urbano. En los años de entreguerras consolidaron un segmento del incipiente consumo de masas y ampliaron su actividad financiera al sector familias. Su relevancia actual no es una casualidad, es el resultado de un largo proceso histórico que, gracias a la liberalización y desregularización del sistema financiero del último cuarto del siglo XX, las homologó a las restantes instituciones del sistema bancario.
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