El último período de la historia de la Guardia Pretoriana, así como de los equites singulares Augusti (guardia montada imperial), se extiende desde la Tetrarquía diocleciana hasta su disolución por Constantino en 312. Las fuentes disponibles no permiten conocer el reparto de sus contingentes; estas afirman que Diocleciano contaba con un cuerpo de pretorianos en Nicomedia (Lactancio, De Mortibus Persecutorum XII.5), pero más allá de ello solo podemos conjeturar cómo habría sido su división entre los cuatro miembros del colegio imperial. Parece que existía una clara primacía de los augustos (CIL 16, 156; diploma de 298), que habrían dispuesto de un contingente mayor que el de los césares, si es que estos llegaron a contar con pretorianos (cf. RMD I, 78; fechado en 306). A pesar de esa posible distribución, sus respectivas sedes centrales continuaron en Roma, en los castra praetoria (Guardia Pretoriana) y en los castra priora y castra nova (equites sigulares), servidas por contingentes de reserva (remansores). Con posterioridad, serían otros cuerpo de élite los que defenderían al emperador y contarían con el prestigio que antaño había tenido la Guardia. En el artículo se incluye una ilustración de Marek Szyszko con un jinete de las Scholae Palatinae, la guardia de élite, en torno a mediados del siglo IV.
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