Barcelona, España
Siempre es arriesgado resaltar aquellos problemas que influyeron en los iniciales avatares políticos de la sociedad catalana a comienzos del seiscientos. La progresiva pérdida de jurisdicción de la Corona en el principado aceleró la crisis política, agravada por las continuas denuncias de la Generalitat ante el supuesto comportamiento inconstitucional de los oficiales reales. Las Cortes de 1626 y su continuación cuatro años más tarde, en 1632, fracasaron en ofrecer una salida mínimamente consensuada. A partir de esta fecha, las esperanzas para llegar a un acuerdo se diluyeron. La protesta ante los alojamientos de la población, que soportaba una creciente crisis económica, precipitó la ruptura.
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