Los antibióticos son medicamentos singulares porque van dirigidos a combatir las infecciones bacterianas y las bacterias presentan una asombrosa capacidad de adaptación a su presencia, por lo que cualquier utilización, en personas o en animales, condiciona su eficacia futura. Las bacterias resistentes a los antibióticos han aumentado rápidamente, tanto en número como en diversidad, en apenas 30 años y son en la actualidad uno de los problemas más relevantes de la Salud Pública y uno de los mejores ejemplos de la necesidad inexcusable de colaboración entre las esferas humana y animal.
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