La pastoral parroquial se enriquece con la aportación de la espiritualidad ignaciana, que introduce una personalización de la experiencia cristiana, basada en el encuentro con Dios y en la respuesta a la llamada personal a trabajar por su Reino. La parroquia potencia y acompaña la pluralidad de vocaciones cristianas, vividas en comunión eclesial interna y externa, y amplía su horizonte con un compromiso por la justicia en el mundo y con una apertura misionera a quienes no pertenecen a ella. La "aplicación de sentidos" ignaciana ayuda a descubrir la novedad del Dios que sigue actuando en nuestro mundo.
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