Las toallitas y productos de higiene personal se han convertido en los últimos años en un verdadero quebradero de cabeza para los gestores de las infraestructuras de saneamiento. El incremento en el consumo de estos productos y su desaconsejable y generalizado vertido a la red de saneamiento está conllevando problemas de atascos, vertidos sin depurar y daños en equipos cuyos sobrecostes en la explotación se estima que ascienden a 200 M€ cada año en España (4-6 € por persona). Los avances tecnológicos y la publicidad asociada a estos productos hacen necesaria una definición por parte del sector del agua de lo que es “apto para tirar al inodoro” (“flushable”). La respuesta tradicional de que sólo el papel higiénico debe ser considerado como flushable ha sido soslayada por los fabricantes y comercializadores con argucias terminológicas (p.e., papel higiénico húmedo) o confusos tests (p.e., biodegradabilidad o desintegrabilidad). Los propios gestores y AEAS, como representante sectorial, han lanzado numerosas campañas de concienciación ciudadana y de presión a los fabricantes para intentar resolver esta situación. Sin embargo, existen menos ejemplos de gestores que realicen estudios técnicos tratando de analizar la composición y las aptitudes mecánicas y biológicas de estos productos (p.e., Córdoba, Bilbao, Sevilla). Esta escasez de estudios técnicos provoca que las entidades gestoras no dispongan actualmente de un conocimiento robusto sobre las características de los productos que están propiciando dicha problemática. Al objeto de cubrir esa falta de conocimiento se ha realizado un estudio técnico que permite tener la primera radiografía a nivel nacional. Una muestra representativa de 21 toallitas comercializadas en los principales supermercados del país ha sido analizada con el objetivo de identificar su composición y su capacidad de desintegración en los saneamientos, tanto en colectores como en las EDAR. Como referencia, se ha empleado el papel higiénico con mayores ventas en España. Además, se ha testado un producto de uso frecuente en EEUU como comparativa con los productos más novedosos de otros países. Como principal conclusión, ninguna toallita de las testadas debiera ser desechada vía inodoro, sino gestionada como un residuo sólido urbano más. Finalmente, se presentan los últimos avances y la situación del borrador de la norma ISO TS24524. AEAS trabaja para establecer una norma que defina qué productos pueden ser etiquetados como “flushable”. Junto con gestores de todo el mundo, fabricantes y representantes de universidades, participa en el Grupo de Trabajo ad hoc de la ISO para la definición de unos criterios mínimos. Esta potencial futura norma internacional podría servir de referencia para una auto-regulación de los fabricantes o incluso para una posible propuesta de regulación nacional.
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