Desde el colapso de las relaciones entre la Federación Rusa y Occidente como consecuencia de la crisis de Crimea y Ucrania en 2014, la asociación estratégica chino-rusa se ha convertido en una realidad geoestratégica de primer orden. Ambas potencias comparten el deseo de retar los principios que rigen el orden liberal internacional inspirado por EE. UU. que presidía las relaciones internacionales desde el final de la Guerra Fría. En la actualidad las relaciones entre Pekín y Moscú, por un lado, y Washington, por otro, no dejan de hacerse cada vez más tensas, incluida la amenaza de guerra económica y el fantasma de la escalada nuclear, lo que dibuja un panorama internacional incierto e inestable con un orden mundial multipolar que ha dejado atrás el periodo de hegemonismo norteamericano.
Since the collapse of Russian relationship with the West over Crimea and Ukraine in 2014, the Sino-Russian strategic partnership has become a first rank geostrategic reality. Both powers share the desire to challenge the principles that govern the international liberal order inspired by EE. UU. that governed international relations since the end of the Cold War. At present, the relations between Beijing and Moscow, on the one hand, and Washington, on the other, are becoming increasingly tense, including the threat of economic war and the ghost of nuclear escalation, which draws an uncertain and unstable international panorama with a multipolar world order that has left behind the period of US hegemony
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