Tarragona, España
El nuevo palacio de Nerón, construido tras el incendio del 54, ocupaba un inmenso parque sobre el que se dispersaban pabellones, peristilos y edificios. La propaganda antineroniana culpó directamente al emperador de construir un palacio que parecía devorar Roma. Sin embargo, no hemos de engañarnos, la sucesión de parques y edificios que permitió constituir la Domus Aurea fue solo la conclusión del proceso de concentración inmobiliaria que se había iniciado con Augusto. A través de herencias, requisas y compras este proceso dejó en manos imperiales un impresionante patrimonio que a la muerte de Claudio se concentraba en dos bloques principales: la colina del Palatino, que casi completamente era de propiedad imperial y las laderas del Esquilino hacia el valle del Coliseo. Estas últimas, fueron ocupadas desde época tardorrepublicana por nobles villas de recreo y jardines de tipo oriental-helenístico que acabaron perteneciendo al dominio imperial. Fueron célebres los jardines de Mecenas, donados a Augusto, y los de Lucio Aelio Lamia (horti lamiani), donados a Tiberio. En medio de ambos grupos de propiedades, junto a la Sacra Via, se encontraba la casa y terrenos de la familia del padre de Nerón, Cneo Domicio Ahenobarbo, cuya ubicación permitió que Nerón pudiese construir la Domus Transitoria. Una espectacular ilustración a doble página que reconstruye la Domus Aurea de Nerón, obra de Josep R. Casals, y un plano de las numerosísimas estancias del pabellón del monte Oppio, el edificio más representativo de los conservados del palacio neroniano, complementan a la perfección la detallada información de este artículo.
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