Desde Pío XII la Iglesia ha defendido la necesidad de una opinión pública en su interior, aunque ha sufrido una continua tensión entre su proclamación teórica y la práctica. Los documentos del Vaticano II y de los últimos papas insisten en la libertad de pensamiento y expresión para la creación del sensus fidei. Sin embargo, el cánon 212 del Derecho Canónico pone tal énfasis en la sumisión a la autoridad y la censura que dificulta su existencia real. La descentralización del papa Francisco y su postura ante la Prensa e incluso ante algunas calumnias contra su persona está haciendo emerger una nueva comunicación que tiene sus raíces y fundamento teológico en la "comunidad" y la "comunión".
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