Barcelona, España
Podría pensarse que los resortes socioeconómicos y culturales que impulsaron la fiebre constructiva en torno al año mil en toda Europa occidental, y de la que participaron los territorios del nordeste peninsular y el sur de Francia, se habría traducido, igualmente, en una rápida renovación del resto de tradiciones en el panorama general de las artes. Nada más lejos de la realidad. Son los tiempos de bonanza económica y demográfica derivados del retraso progresivo de la frontera con al-Ándalus y de los consecuentes procesos de reestructuración social y espiritual que llevarán, además, a la consolidación de los condados catalanes y del naciente reino de Aragón a lo largo del siglo XI. Y, sin embargo, la riqueza se orientará primordialmente a dotar a los nuevos santuarios con todo tipo de mobiliario litúrgico al que se destinan los recursos más suntuosos, fundamentalmente el oro y la plata e incluso otros metales menos nobles.
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