Frente a la cultura extendida de la hiperactividad, que también se ha instalado en las aulas, se nos antoja la contracultura de la calma, del sosiego, de instaurar otros ritmos donde no se viva de forma vertiginosa sino pausada, El crecimiento y el desarrollo personal necesita madurar en un tiempo y espacio diferente al que se experimenta en el contexto mediático instaurado por las tecnologías. Educar desde la vida, y su cadencia, y para la vida., implica, hoy más que nunca, apostar en los centros educativos por la revolución de la experiencia del silencio.
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