En proporción a su tamaño, ninguna otra institución científica sufrió más los golpes del nacionalsocialismo que el Instituto de Biología Experimental de Viena (Biologische Versuchsanstalt, BVA). De los 33 colaboradores con los que contaba antes de marzo de 1938, 18 fueron expulsados inmediatamente por motivos racistas después del Anschluss. Entre ellos se encontraban dos de los tres fundadores y mecenas, el zoólogo Hans Przibram y el botánico Leopold von Portheim. Siete miembros del BVA murieron en el Holocausto, incluyendo a Przibram. El edificio fue destruido por el fuego en los últimos días de la guerra, y después el Instituto cayó en el olvido y fue suprimido. Tuvieron que pasar 75 años, contados desde la anexión de Austria, para que la Academia de las Ciencias de Austria –propietaria del BVA desde 1914 a 1945– reconociese la trágica historia del Instituto.
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