Con menos memoria que los teléfonos móviles modernos, los ordenadores instalados en las naves de las misiones Apolo lograron la hazaña de contribuir de modo crucial a llevar seres humanos a la luna y traerlos de regreso a la Tierra, gracias a sus cálculos de trayectorias y maniobras, así como a otras muchas funciones. Los programas para esos ordenadores fueron desarrollados casi desde cero por un puñado de "magos" del software de entre quienes destaca Margaret Hamilton. Todo lo necesario para las complejas operaciones del viaje a la Luna, y medidas de seguridad de las que podían depender las vidas de los astronautas, lo hicieron caber en esos ordenadores.
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