Hace doscientos años, un día de agosto de 1818, nacía una mujer que escribiría uno de los capítulos más espléndidos de la historia de la ciencia. Maria Mitchell aprendió a amar las estrellas de la mano de su propio padre, quien no tuvo reparos en enseñarle todos los secretos del universo a su hija. Maria Mitchell pasaría a la posteridad por haber descubierto un cometa y recibir el reconocimiento internacional a su carrera, además de haber dirigido el primer observatorio del Vassar College, del que saldrían otras grandes científicas de los Estados Unidos.
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