La herencia actual de la Izquierda moderna procede del Socialismo Democrático y no del Comunismo ortodoxo, el cual a partir de 1989 se convirtió en pieza de museo. Entonada por las generaciones actuales a la utopía revolucionaria le llegó la hora de abandonar los dogmas y de promover una política acorde con las realidades postmodernas. Enfrentada a nuevos retos la Izquierda debe replantearse si es acertado sustituir la tendencia hacia la igualdad total por el reconocimiento de las diferencias.
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