Es posible que la vida les pudiese sonreír menos de lo esperado. Que tuvieran que esquivar más veces que tú a la mala suerte, al infortunio y la muerte. Pero como las buenas películas, tuvieron un final feliz que merece contarlo. Alfonso quiso grabar una nana para su nieto que aún no había nacido. María pudo estar en el mar con su familia. Un abuelo quiso tatuarse el nombre de su nieto.
Nona pudo grabar un cuento con su historia preciosa. Los cuatro relatos son reales. Cuatro sueños cumplidos.
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