Sevilla, España
Para muchos de sus contemporáneos, Pedro I rey de Castilla y León (1350-1369) fue sobre todo un monarca "cruel", despótico y vehemente en la acción de gobierno, incluso absoluto. La propaganda laudatoria de la nueva dinastía Trastámara, triunfante en Castilla tras el asesinato de don Pedro I por su hermano paterno y contrincante regio, el infante don Enrique el 23 de marzo de 1369 —hace ahora 650 años— multiplicó durante siglos, a veces de manera infundada, la condición ilegítima y siempre violenta del monarca castellano por sus célebres y arbitrarias "justicias" en todo el reino. Hasta el reinado de Felipe II, ya a mediados del siglo XVI, la historiográfica hispánica no comenzaría a rehabilitar y vindicar la figura del rey Pedro I para la historia de España como un monarca de su tiempo, menos siniestro y más "justiciero".
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