El objetivo de las operaciones de distracción no fue tanto fijar las escuetas unidades que defendían los citados frentes, de forma que no pudieran ser desplazadas a Madrid, sino minimizar la importancia y pretensiones de la acción principal. Así se desprende del hecho de que estas operaciones se iniciaran en los días inmediatamente posteriores a la ruptura del frente en Brunete. La primera en desencadenarse tuvo lugar en el límite de las provincias de Córdoba y Jaén a las pocas horas de ocuparse la población de Brunete, y las dos restantes al día siguiente, 7 de julio, simultáneamente en los frentes de Cáceres y de Teruel. Por otro lado, a mediados de julio, el Ejército del Norte republicano recibió nuevo armamento y material aéreo. Unido esto a la transitoria disminución de efectivos franquistas desplegados en Vizcaya debido a la batalla de Brunete, se logró una momentánea superioridad, que impulsó al general Mariano Gámir a poner en marcha alguna operación ofensiva de oportunidad en su zona de actuación.
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