Según los cálculos de Pierre Chaunu, hacia el siglo XIII ninguna civilización conocía más de un tercio del planeta –la que más, el Occidente medieval, un 30 % de la masa terrestre y un 4-5 % de los mares–. La pionera expansión ibérica ultramarina comenzó a lo largo del siglo XV, eclosionó en la década de 1490 con hitos que supusieron la toma de contacto de Eurasia con América y el desciframiento de los vientos del océano Atlántico, y, a lo largo de la centuria siguiente, llevó a desentrañar las claves del Pacífico y de las latitudes meridionales del Índico más allá de la influencia de los monzones. La trascendencia de esta “primera globalización” que puso en contacto continuado espacios y civilizaciones antes extrañados mutuamente invita a preguntarse por sus causas. ¿Qué lo hizo posible? ¿Por qué en ese momento y no antes? ¿Por qué Europa? Para ello se han aludido razones de orden intelectual, técnico y económico.
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