La destrucción de la escuadra española en Cabo Passaro supuso un duro golpe al proyecto mediterráneo de Felipe V. Aun así, el ejército del marqués de Lede seguía intacto y no detuvo la campaña. Las tropas saboyanas, atrincheradas en la ciudadela de Mesina, Trapani y Milazzo, no suponían un grave peligro, y los imperiales, cuyo auxilio Víctor Amadeo II había tenido que aceptar, no se habían movilizado en número suficiente para cambiar las tornas. Tras forzar la rendición de Mesina el 29 de septiembre, Lede desplazó el grueso de sus tropas frente Milazzo. Allí se produjo un largo bloqueo de ocho meses marcado por la batalla del 15 de octubre, el primer gran combate terrestre del conflicto.
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