En el momento actual en que vivimos las vigilias nocturnas en espera de un nuevo día, somos bastantes los que hemos subido a la nave de la ilusión y de la renovación. La enseñanza es para la vida y no para la escuela, como ya reclamaba Quintiliano para su época y para la posteridad. Éste es el reto que nos grita nuestra sociedad finisecular, llena de vértigo tecnológico y apocalíptico.
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