El consumo de agrotextiles, en general, y de mallas antiinsectos, en particular, se incrementa año tras año debido a los beneficios que se obtienen de las múltiples aplicaciones a las que se destinan. Desde que, hace unas décadas, las mallas antinsectos comenzaran a utilizarse como método físico de protección de cultivos su diseño ha evolucionado dando lugar a la confección de tejidos cada vez más tupidos para combatir a plagas de insectos voladores de dimensiones muy reducidas, como es el caso de la mosca blanca Bemisia tabaci.
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