Zaragoza, España
Recientes hallazgos de pinturas murales dotadas de documentación, como las pinturas de San Esteban de Almazorre, en la provincia de Huesca, que hay que fechar entre 1130 y 1131, han ayudado a profundizar en los estudios de la pintura románica en el Alto Aragón, mural y sobre tabla, estableciendo nuevas relaciones entre los diversos talleres aragoneses de los siglos XI al XIII.
A las importantes pinturas murales de la iglesia de San Julián y Santa Basilisa de Bagüés, emparentadas desde hace años con los talleres franceses de Poitiers y de Limoges, hay que añadir las pinturas de la iglesia de Santa Eulalia de Mérida de Susín, en relación con Almazorre y con el llamado tercer maestro de Santa María de Tahull, en el valle de Bohí (Lérida), y las pinturas de San Juan Bautista de Ruesta relacionadas con talleres de miniaturistas oscenses de las últimas décadas del siglo XII. En el caso de las pinturas sobre tabla, la pintura de San Vicente de Vió, similar a las pinturas de Almazorre, y el frontal del monasterio de Santa María de Igüacel, del taller de Ruesta, configuran con las pinturas precedentes un nuevo mapa de la geografía artística peninsular.
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