Hablando, como es nuestro caso, del binomio violencia religión, la violencia puede ser un mecanismo de autodefensa activo, ya sea desde el punto de vista individual o desde el colectivo. La religión siempre fue, en cambio, un mecanismo de autoprotección pasivo. El individuo se siente más seguro si alguien superior a él (una divinidad, por ejemplo) le protege. En el fondo esta puede ser la razón por la que el individuo se ve obligado a defender a toda costa su religión, ya sea desde un plano puramente espiritual o desde un punto de vista territorial o material. Ello conlleva, a su vez, la intervención en la lucha de todo tipo de intereses no solo religiosos y espirituales, sino también políticos, económicos, sociales. Con un panorama semejante la violencia está garantizada, aunque no siempre justificada.
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