Parece que la vida no nos permite el lujo de reclamar la calma. Incluso a veces el hecho de aparentarlo genera cierta alarma y se percibe como algo inadecuado en una sociedad que vive acelerada, planificando el futuro mientras navegamos en las turbulencias del presente. ¿Acaso no tenemos oportunidades y la necesidad para el aquí y ahora? ¿Y si realmente quien no existe es el presente o no tiene valor? ¿Puede y debe la escuela rescatar los placeres de la calma? ¿Puede esta existir sin que pensemos y sintamos intensamente cada momento que transcurre entre nosotras?
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