Pirro siempre había codiciado el trono de Macedonia pero, una vez alcanzó este, en lugar de sentirse conforme, esto suscitó en él mayores ambiciones si cabe. Fue entonces cuando, a juzgar por el testimonio de Justino (XXV.4.1), Pirro “empezó a considerar la conquista de Grecia y Asia”, o, lo que es lo mismo, reconstruir el Imperio de Alejandro Magno. Sin embargo, esta desmedida ambición fue precisamente la que precipitó su ocaso, el ocaso de un rey que había aventurado mucho y ganado poco. En este artículo se analizan sus últimos años de vida y el triste final de quien quiso convertirse en un segundo Alejandro.
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