En el siglo IV a. C. Cartago ambiciona dominar Sicilia, en conflicto perpetuo con las colonias griegas de la isla. Pero, a finales de ese mismo siglo, la historia de Siracusa se mezcló con el excepcional destino de un hombre cuya incontenible ascensión se cimentó en los hechos de armas realizados en Sicilia, Magna Grecia e incluso África: Agatocles, uno de los generales más competentes de su época. Gracias a él, Siracusa, la antigua colonia corintia se elevaría al rango de los grandes reinos surgidos tras la muerte de Alejandro Magno.
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