La inclusión de la pintura en el ámbito de las artes liberales trajo consigo a partir del Renacimiento un notable cambio de la posición social del artista, quedando así desligado de la tradición gremial, así como de las cargas fiscales que competían a los oficios artesanos. Este proceso fue capitalizado en España por grandes teóricos y artistas barrocos ; sin embargo, las conquistas sociales y económicas de los círculos humanistas y cortesanos irradiaron a centros periféricos, como es el caso de la Baeza de los siglos XVII y XVIII, analizado en el presente artículo.
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