Los cambios generados por la desamortización eclesiástica de Mendizábal entre 1834 y 1840 provocaron, no solo la transformación del régimen de propiedad de la tierra, sino también la disolución de un valioso patrimonio artístico. Con objeto de sanear la hacienda publica y mantener los cuantiosos gastos de la guerra contra los carlistas, gran parte de este acervo cultural se perdió de forma irreparable, especialmente el elevado caudal de piezas de orfebrería, vasos sagrados y alhajas que poseían los conventos y monasterios suprimidos. Se analiza el corpus legislativo que marcaría el destino de esta riqueza y su repercusión en el ámbito provincial de Granada.
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