La democracia, virtud que soslaya matices que atentan contra la libertad humana, sólo puede proliferar y encontrar su pináculo cuando aquellos sujetos activos, racionales y valientes emprenden de forma voluntaria y cognoscitiva acciones tendientes a contribuir en la agenda gubernamental, alejándose de los prejuicios que circundan la política y el poder, y acogiéndose en el seno de una cultura política participativa.
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