La posibilidad de utilizar el derribo selectivo de una de las fachadas laterales del Mercado del Clot, en Barcelona, con objeto de mejorar el espacio público, dinamizando una zona degradada por la falta de actividad, fue el reto a alcanzar en este interesante proyecto.
El cierre de las paradas exteriores de parte del mercado del Clot, en Barcelona, contribuyó al deterioro del vecino espacio público, motivo por el cual los vecinos y el Instituto Municipal de Mercados de Barcelona plantearon el derribo de dichas paradas. A partir de ese momento se llevó a cabo un trabajo de investigación con el objetivo de profundizar en el conocimiento y evolución del propio mercado, desde su construcción en el año 1889 por el arquitecto Pere Falques, hasta nuestros días, entendiendo y comprendiendo cuál debía ser la mejor manera de actuar y recuperar una fachada que, se intuía, ya no era la original. Se pudo comprobar que había existido una marquesina exterior de menor dimensión que la actual, pero que albergaba de forma similar la tradicional disposición de puestos de venta exterior al edificio.
En el año 1995 se llevó a cabo una intervención general, en la que se modificó la fachada principal, se dotó al mercado de nuevos servicios y se substituyó la marquesina exterior por una nueva que reorganizó todas las paradas y permitió la continuidad, como elemento estructural, con la zona interior del mercado.
A la vista de todo ello, la nueva propuesta planteó la conservación de esta estructura, pese a que no era coetánea a la construcción original del edificio, creando una nueva imagen de la fachada lateral del mercado, generando unos filtros vegetales de calidad en los que se pudieran realizar e impulsar diferentes tipos de actividades relacionadas con el mercado y el vecino barrio, fomentando la sostenibilidad, el comercio y el bienestar social. Se llevó a cabo un derribo selectivo, manteniendo únicamente la estructura metálica primaria de la marquesina como soporte de una pérgola vegetal que, actuando como filtro solar, mejorara el aislamiento térmico y acústico de la calle y el mercado.
La flexibilidad de la propuesta ha permitido no alterar los puestos de venta que, inicialmente, no pretendían modificar su situación, manteniendo la posibilidad de realizar en un futuro diferentes tipos de configuraciones y/o conexiones entre el interior y exterior tanto a nivel físico como visual, en función de las necesidades de cada momento y de la actividad del mercado.
La estructura metálica existente, que se ha planteado como totalmente vista, dialoga con el resto del edificio y con los nuevos materiales de la nueva propuesta, basada en la presencia del acero inoxidable, sobre el que se propuso adosar unas jardineras y tensores del mismo material que actuaran como soporte de un tipo de vegetación de bajo mantenimiento. Estos tres ejes de la propuesta —estructura existente, vegetación y acero— proporcionan unidad y valor paisajístico a la actuación.
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