Las dificultades inherentes al reto que suponía la construcción de un nuevo estadio sobre el antiguo campo de fútbol de San Mamés, referencia icónica para todo bilbaíno, ha sido resuelto con eficacia y brillantez en el marco de un delicado ejercicio arquitectónico.
El Athletic Club de Bilbao es uno de los grandes clubes del fútbol europeo, y su anterior estadio con más de 100 años de antigüedad era uno de los míticos, conocido popularmente como “la catedral del fútbol”. Situado prácticamente en el mismo lugar que el existente, el nuevo estadio “pisa” con su planta el viejo San Mames, lo que ha obligado a realizar su construcción en dos fases.
Uno de los retos principales en el diseño del nuevo San Mames, con capacidad para 53.000 espectadores, ha sido mantener la atmósfera mágica e intensa de fútbol de la vieja “catedral”. Este efecto, no solo se ha mantenido sino que se ha superado, satisfaciendo ampliamente las exigencias de una de las mejores aficiones del mundo.
La ubicación del nuevo estadio como final de la trama urbana del Ensanche de Bilbao, asomándose de manera privilegiada sobre la Ría del Nervión, convierten al edificio en una pieza arquitectónica que debe manifestarse, y así lo hace, con fuerza y presencia icónica, pero a la vez con respeto hacia el resto de las edificaciones que completan esa zona de la ciudad. De esta reflexión surge uno de los primeros aspectos tenido en cuenta en su diseño, como es la concepción del volumen construido como edificio urbano, en relación con los demás y no como una mera instalación deportiva. Se ha pretendido también dotar de valor espacial a aquellos lugares de los estadios que tradicionalmente no lo tienen, es decir, los lugares situados entre el perímetro del estadio y la parte trasera del graderío, que constituyen los espacios de circulación por donde se accede y regresa del graderío que, a fin de cuentas, es el lugar principal de todo el campo de fútbol.
Para conferir un valor añadido a estos espacios, la estrategia de proyecto consiste no solo en aportar cualidades espaciales a los mismos sino también que esos lugares tengan una relación muy intensa con la ciudad y el entorno. Para ello, aparece como uno de los elementos fundamentales y que singularizarán sin duda el nuevo San Mamés: el tratamiento de la fachada, utilizando la repetición de un elemento de chapa metálica ETFE torsionado, que da dinamismo y unidad al conjunto. Este elemento de fachada está iluminado durante la noche, creando un hito urbano sobre la Ría, proyectando una nueva imagen de Bilbao hacia el exterior. La cubierta, formada por potentes cerchas metálicas radiales orientadas hacia el centro del terreno de juego se cubre con cojines de ETFE blanco, que cubre la totalidad del graderío.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados