Aunque el conocimiento es uno de los pilares sobre los que se ha construido el mundo en que vivimos, resulta sorprendente que la mayoría de los ciudadanos en nuestro país no sean conscientes de que los avances científicos y tecnológicos están en la base de nuestro bienestar y son el motor de la economía de un Estado. Una de las causas de esta desinformación es la falta de educación científica. Quienes nos dedicamos a tareas de investigación tenemos la obligación de explicar en un lenguaje claro y accesible al público no especializado la trascendencia de los avances científicos para la sociedad. Los científicos tenemos el conocimiento y las capacidades para poder explicar en qué trabajamos y para qué sirve lo que investigamos. Que los ciudadanos entiendan las repercusiones de la investigación en su día a día, tendrá sin duda alguna un impacto positivo en el apoyo a la investigación dentro de los Presupuestos Generales del Estado. Otro aspecto positivo de la divulgación es el fomento de vocaciones científicas. En Europa son cada vez menos los estudiantes que deciden elegir carreras científicas y esta escasez de vocaciones compromete el bienestar de nuestra sociedad en el futuro
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