La dinastía inca fue el más poderoso linaje de emperadores del continente americano. Sus gobernantes dominaban la región de Cuzco, densamente poblada, y mediante generaciones de alianzas matrimoniales estratégicas con mujeres poderosas de los grupos vecinos acrecentaron la masa de trabajo tributario para la agricultura y el pastoreo, así como para construir obras monumentales y emprender campañas militares. La práctica de enviar periódicamente fuerzas avasalladoras para dividir y conquistar a las comunidades de la cordillera condujo a la rápida anexión de extensos territorios. Sin embargo, los españoles llegaron en un momento en el que aspectos vitales del poder inca estaban patas arriba y, el futuro del imperio, en tela de juicio.
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