Barcelona, España
Madînat al-Zahrâ cumplía perfectamente su cometido de ciudad palacial, que había de ser al mismo tiempo sede del poder y residencia privada de su titular, el califa, y ambas dimensiones se implementaron de forma armónica y estructurada. En una fecha tan temprana como el 947 ya han sido trasladadas a al-Zahrâ todas las agencias y departamentos asociados al día a día de la administración, gobierno y fiscalidad, que se hallaban radicados en el palacio emiral de Córdoba, correspondiente al actual palacio arzobispal, adyacente al lado occidental de la gran mezquita. Los registros epistolares, los documentos oficiales, los archivos y, por encima de todo, la ceca, habían recibido su lugar específico en al-Zahrâ, aunque el estado de la investigación no permita asignar con exactitud en qué lugar se encontraban. Con ellos también se instalan en el palacio los servidores, los secretarios (kuttab), y los ministros (visires, wuzara’) encargados de la gestión cotidiana de la administración y del poder del califato. Acompaña a este artículo una ilustración de José Luis García Morán reconstruyendo la embajada de los Banu Hazar a Madînat al-Zahrâ’ en presencia del califa y los representantes más relevantes del Estado, en mitad de un marco tan impresionante como es el salón rico de la ciudad palatina cordobesa.
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