El concepto del sueño americano ha estado ligado a la sociedad estadounidense desde su origen. La independencia de la monarquía británica y los motivos que originaron esta decisión, constituyen la base de la creación de una sociedad ideal que custodiaba los derechos individuales más que ninguna otra. El desarrollo de la filosofía política durante el siglo XVIII posibilitó que las teorías ilustradas que proponían un pacto social entre el pueblo y los gobernantes auguraran la posibilidad de secesión entre las trece colonias británicas de América y el país al que pertenecían, Gran Bretaña. Así se proclamó la Declaración de Independencia de 1776 fundamentada en los derechos naturales defendidos por la Ilustración que se materializarían más tarde en la Constitución de los Estados Unidos de América en 1789. El cine siempre ha estado impregnado del idealismo connatural a la sociedad norteamericana y se ha encargado de difundir con fidelidad la idiosincrasia del sueño americano, pero con el paso del tiempo las crisis que han azotado dicha convivencia han ido desestabilizándola hasta alcanzar un punto de inflexión en los tiempos de la guerra de Vietnam. En este contexto, el estreno de El Padrino supone, por primera vez en la historia del cine, una mirada nihilista y pesimista a las promesas que encierra el sueño americano.
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