Lars von Trier proclama en el manifiesto Dogma la necesidad de hacer un cine que huya de la ilusión cifrada en las acciones superficiales, predecibles, artificiosas, decadentes. Su película Idioterne (Los idiotas, 1998) es la única de su filmografía certificada bajo el sello Dogma. Película atravesada por la tensión que provoca la quiebra de esa ilusión en busca de cierta autenticidad. Ilusión de la que huye el grupo de los idiotas que da título al film, por entender que viven en una sociedad hipócrita, mientras aflora esa autenticidad derivada de sacar el idiota que llevan dentro. Autenticidad ligada al desgarro más radical, que termina por revelar a su vez las contradicciones internas del propio grupo de los idiotas.
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