El giro político venía gestándose desde hace más de un año, pero en el seno de Podemos y en los círculos políticos y mediáticos no ha pasado desapercibido que el curso ha arrancado con un Pablo Iglesias totalmente diferente, que está empleando un tono mucho menos agresivo y que está adoptando un talante hacia Pedro Sánchez y el PSOE mucho más colaborador y pragmático. Marcado por su reciente paternidad, como él mismo ha confesado, su cambio supone consolidar la evolución que arrancó justo después de Vistalegre II, en la moción de censura de junio de 2017, y que empezó a acercarlo a las tesis con las que Iñigo Errejón fue derrotado en ese encuentro.
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