En el Antiguo Testamento hay una tensión entre la “institución/culto” y el “carisma/profecía”. Esta tensión es benéfica: la verdadera profecía confirma la verdad de la doctrina. El marco donde se hace comprensible esta relación tensa es la alianza, “lugar teológico” de la verdad (fidelidad) de Dios al hombre y del hombre a Dios.
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