La toma de Granada requirió enormes recursos económicos, y al mismo tiempo una férrea determinación. La voluntad de los soberanos para erradicar a los árabes de la península, nunca desfalleció. Todos los historiadores coinciden en estos puntos. Pero los historiadores ingleses son muy críticos con el comportamiento de Fernando tras la toma de Málaga, el incumplimiento de los acuerdos con Boabdil, y las incumplidas promesas a los granadinos tras la rendición. El respeto con que dichos historiadores tratan a Isabel, (se dice, que nuestra Isabel I es la Reina a la que los historiadores ingleses han dedicado más escritos, después de su Elizabeth Tudor), contrasta vivamente con la animadversión con que tratan a Fernando, aunque al mismo tiempo, admiran sus dotes políticas. Pero sobre todo, resaltan el enorme poder y la nefasta influencia de la Iglesia sobre los sobe-ranos; y desde sus concepciones religiosas reformistas, achacan a este poder y al some-timiento de los Católicos Soberanos, los graves errores que atribuyen a la que, sin em-bargo, consideran la más gloriosa etapa de la Monarquía Española.
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