A mediados del siglo XIX son muchas las quejas que el ayuntamiento pacense de Campanario recibe de sus vecinos quienes, por culpa de las lluvias y las crecidas del arroyo Ortigas, no pueden acceder a la serranía de la vecina aldea de La Guarda para aprovisionarse de leña y poder así combatir los fríos del invierno.
Para solventar el problema el ayuntamiento en pleno decide en 1856 erigir un puente que, a la postre, recibiría el nombre de Puente de Isabel II. El presente artículo está dedicado al estudio de su construcción y al de las personas que ella intervinieron, así como al esclarecimiento de las diligencias que previamente fue necesario realizar para poner en marcha las obras.
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