Creo que todos los maestros tenemos interiorizado que una de las funciones primordiales en esta profesión es atender las necesidades de los niños y las niñas. Algunas de ellas las tenemos muy claras y solemos atenderlas con respeto: alimentación, descanso, higiene, socialización… Pero ¿qué ocurre cuando hablamos de la necesidad que tienen de jugar?
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